
INTRODUCCIÓN al libro Educación que es cristiana, por Lois LeBar y James E. Plueddemann
DISPONIBLE EN ABRIL 2009
Los educadores cristianos necesitan un renovado sentido de esperanza. En el confuso mundo de hoy, los padres necesitan aliento para criar a sus hijos en la disciplina y la amonestación del Señor. Los valores no cristianos presionan enormemente a las familias, a las iglesias, y a las escuelas. El maestro de escuela dominical suspira aliviado cuando por fin termina la clase y el director de campamento con frecuencia se pregunta si ocurren cambios duraderos en los participantes. La supervivencia más bien que la enseñanza cristiana efectiva llega a ser el objetivo esencial. Muchos educadores cristianos en seminarios, casas editoriales, y organizaciones cristianas también tienen un sentir de desaliento e insatisfacción, y sienten un creciente anhelo por renovación.
Mientras tanto, la teoría y la práctica de la educación cristiana han mejorado poco o nada. Un catedrático recientemente dijo que “la educación cristiana no es ni una ni la otra”: ni educación ni cristiana. Otro educador cristiano afirma que la escuela dominical es la hora más desperdiciada de la semana. Puede haber sofisticación tecnológica y nuevos programas, pero estos avances no han producido ningún avance en la madurez espiritual de la educación cristiana básica en la familia, en la iglesia, o en la escuela.
Algunas personas dicen que hay necesidad de una silenciosa revolución en la educación cristiana. Dicen que el intento de mejorar lo que actualmente estamos haciendo es como tirar heno a un caballo muerto. Algunos dicen que debemos “deshacernos” de la escuela dominical y la mayoría de las agencias de educación cristiana. Si es así, ¿por qué estamos viendo un libro que fue escrito hace más de cuarenta años? Lois LeBar ofrece esperanza. Ella mantiene que no tenemos que deshacernos de las estructuras de la educación cristiana. Pero apasionadamente suplica que se haga una revolución dentro de esas estructuras.
Lois DeBar es una revolucionaria. Hace más de cuarenta años se rebeló contra la enseñanza bíblica tradicional que “mataba de hambre a la gente con verdades bíblicas”. Escribió: “Un evangelio revolucionario en una edad revolucionaria necesita enseñanza que revoluciona vidas.”1 Pero también se rebeló contra la llamada “enseñanza progresiva” que ignoraba la autoritaria Palabra de Dios y el poder del Espíritu Santo. Sin embargo, su propósito no era meramente rebelarse. Ella tenía una visión estratégica para una vibrante enseñanza de la Biblia que produciría personas semejantes a Cristo. “La solución a los problemas de hoy no es más entretenimiento glamoroso en la iglesia, más artilugios de ardides, más competencias con mejores premios, sino más líderes cristianos en quienes Cristo puede hacer su obra en el poder del Espíritu.”2
Ella comprendió que la educación cristiana evangélica se enfrentaba a un tiempo de crisis. Cuando escribió Educación que es cristiana, el cristianismo anti evangélico estaba invadiendo muchos seminarios, casas editoriales, y estructuras denominacionales. El liberalismo religioso no creía en la enseñanza autoritaria de la Biblia y no enseñaba acerca del pecado personal ni de la salvación personal. Los efectos fueron devastadores para la educación cristiana. En vez de enseñar la Biblia, los maestros de escuela dominical dirigían discusiones de “¿Y tú qué piensas?” para crear conciencia de aspectos sociales mientras ignoraban la necesidad del poder de Cristo para cambiar vidas y para transformar el mundo.
Las batallas dentro de la educación cristiana evangélica fueron influidas por las luchas en la educación secular. Los conservadores y los progresistas discutían la relativa importancia de enseñar al niño o de enseñar el contenido.3 LeBar estaba en desacuerdo con los educadores progresistas que enfatizaban un enfoque centrado en el niño. Ella sostenía que el enseñar el contenido de la Biblia era absolutamente necesario. Pero también estaba en desacuerdo con los educadores conservadores expresando que la mera transmisión del contenido bíblico no era el método de enseñanza de Jesús. La sola enseñanza de hechos bíblicos no reflejaba una filosofía de enseñanza bíblica.
Aunque la mayoría de los cristianos evangélicos estaban en contra de la educación progresiva de Dewey, muchos inocentemente estaban usando técnicas de enseñanza de comportamiento para enseñar el contenido de la Biblia y el debido comportamiento. LeBar se rebeló contra recompensas extrínsecas para compeler a los alumnos a que memoricen versículos bíblicos. Ella pensaba que el aprendizaje debía ser motivado internamente por la habilidad de Dios de satisfacer las más profundas necesidades de los alumnos por medio de la Biblia y el Espíritu Santo. Reaccionó fuertemente contra la mera transmisión cultural4 del contenido bíblico, sin pertinencia a la vida. Cuando los alumnos en sus clases universitarias daban ejemplos de cómo se enseñaba la Biblia en una forma irrelevante o aburrida, ella casi lloraba de angustia. Estaba convencida de que la buena enseñanza bíblica debía de hacerse con brío, entusiasmo, y exuberancia.
Los educadores seculares influenciados por la teoría psicoanalítica querían evitar de cualquier manera el frustrar al niño. Sus métodos promovían libertad sin supervisión para el niño. LeBar comprendió la necesidad de enseñar el contenido bíblico y reaccionó contra tales teorías. Escribió: “Sólo cuando los alumnos busquen y encuentren el contenido que se relaciona con la vida actual, éste enriquecerá y cambiará la vida.”5
Los partidarios de la teoría del comportamiento (behaviorismo) no tomaban en cuenta los factores internos en el alumno, y trataban de promover el comportamiento externo por medio del condicionamiento. Le Bar objetó expresando que los métodos de enseñanza de Jesús promovían crecimiento interno, no sólo un cambio en el comportamiento externo. Escribió que “la verdad de Dios progresivamente debe controlar la vida interior”.6
Los educadores seculares de desarrollo encararon el dilema del currículo centrado en alumnos versus aquel centrado en contenido con la sugerencia de que el desarrollo interno del alumno depende de las interacciones con el mundo externo. En forma similar, LeBar expuso que el desarrollo espiritual se lleva a cabo cuando hay interacción entre la situación de vida del alumno y la viva y escrita Palabra de Dios.
El influyente psicólogo de desarrollo Jean Piaget repite algunas de las preocupaciones de LeBar cuando escribe: “comprender es descubrir”.7 A él lo preocupaba que la educación fuera un proceso activo dentro del alumno. Piaget también expuso que el maestro tiene que conocer tanto al niño como también el tema en cuestión.
Otro educador moderno, Paulo Freire, enfatiza otro tema de LeBar: la necesidad de empezar la enseñanza con las “necesidades sentidas” de los alumnos. Freire llama al proceso una “problematización de la situación existencial”.8 LeBar escribe: “Si vamos a colaborar con el Señor para cambiar interiormente a los alumnos tenemos que empezar donde es necesario el cambio, con lo que ya controla su comportamiento. ¿Qué provoca nuestras acciones? Son nuestras necesidades, nuestros fuertes impulsos innatos, que el Todopoderoso ha puesto en nosotros.”9
Desde una perspectiva atea, John Dewey luchó con preocupaciones educativas similares a las de LeBar. LeBar enfatizó que tenemos que empezar a enseñar con las necesidades sentidas del alumno y luego avanzar hacia las autoritarias Escrituras. Dewey enseñó que los problemas son el estímulo para el pensamiento. “El problema nace de las condiciones de la experiencia en el presente, y eso está dentro de los límites de la capacidad de los alumnos; y en segundo lugar, que es tal que despierta en el alumno una activa búsqueda de información y de producción de nuevas ideas.”10 Aunque LeBar está en desacuerdo con Dewey, ambos son críticos del tipo de educación tradicional que meramente transmite masas de información. Dewey dijo que el conocimiento es un medio para promover crecimiento, no la finalidad de la educación. También escribió que es un error tratar la libertad del niño como un fin en sí.
Aunque hay considerables diferencias entre LeBar y Dewey, Freire y Piaget, estos ejemplos ilustran que los educadores seculares también tenían las mismas preocupaciones. El adaptar la teoría educativa de desarrollo a una filosofía bíblica es un actual énfasis en la educación cristiana. Lois LeBar abogó por interacción entre los factores internos y externos de la educación mucho antes de que los educadores cristianos leían los escritos seculares del enfoque de desarrollo. Debido a su compromiso a la autoridad de la Biblia y al desarrollo de la semejanza a Cristo, ella describió teorías bíblicas de desarrollo educativo un cuarto de siglo antes de otros educadores cristianos.
Cuando yo estudié Educación Cristiana en la Universidad de Wheaton bajo Lois y Mary LeBar a mediados de los años 1960, casi no había libros de texto evangélicos sobre la educación cristiana. Educación que es cristiana era uno de los pocos libros accesibles que usamos. Casi todas las asignaturas eran de lecturas hechas en la biblioteca.
Comprobado como útil
Después de graduarnos de la Universidad de Wheaton, mi esposa y yo fuimos aceptados como misioneros de la Misión Interior de Sudán para trabajar con la creciente iglesia de Nigeria. Me pusieron como encargado del Departamento de Educación Cristiana de las iglesias evangélicas de África Occidental, que tenía más de 1.200 congregaciones. Me parecía que era una responsabilidad muy grande para un nuevo misionero y en mi frustración empecé a buscar en mis notas y archivos de educación cristiana. Casi nada me fue útil, hasta que empecé a ver nuevamente Educación que es cristiana. Fue de gran ayuda para mí cuando empecé a escribir de nuevo material para la escuela dominical y a diseñar seminarios de capacitación de liderazgo en las iglesias locales. Muchas veces cuando estaba desalentado volvía a leer el capítulo “El maestro humano trabajando con el Maestro Divino.” Descubrí que muchos de los llamados cursos prácticos de educación cristiana que había estudiado carecían de poder de aplicación en otras culturas, pero el curso de “Filosofía de la educación cristiana” enseñado por Lois LeBar, con su libro Educación que es cristiana como base, resultó ser el curso más práctico para un novato misionero.
La continua necesidad de educación que es cristiana
Aunque LeBar estaba adelantada en su visión por la renovación de la educación cristiana, todavía no ha ocurrido la renovación que ella esperaba. Si hoy observáramos al azar cien escuelas dominicales evangélicas encontraríamos la misma necesidad de renovación en la educación cristiana. Pocas veces se integra la Biblia de manera dinámica en la vida. Sus preocupaciones son tan urgentes hoy como ayer.
Las necesidades espirituales del mundo son más grandes hoy que nunca antes. Tres cuartas partes del mundo, o más de tres mil millones de personas, no son cristianas. Sin embargo, la Gran Comisión de Mateo 28:18 en un mandato para educación cristiana en todo el mundo. Hemos sido comisionados a hacer discípulos en todo el mundo. ¿Cómo? A través de la enseñanza; enseñando a las personas a obedecer todo lo que Cristo nos ha encomendado. Por demasiado tiempo hemos hecho una falsa y anti-bíblica distinción entre el evangelismo y la educación cristiana. Algunos expertos en misiones suponen que los“verdaderos” misioneros evangelizan, y que luego, después de terminado el arduo trabajo, aparecen los educadores cristianos para dar el toque final. La Gran Comisión es un llamado para educadores cristianos sin barreras culturales. La enseñanza bíblica relacionada con la vida es una valiosa herramienta para el evangelismo. Alrededor del mundo, los estudios bíblicos en pequeños grupos y la enseñanza interactiva están siendo utilizados como herramientas efectivas para el evangelismo o en la preparación para el evangelismo. Educación que es cristiana puede tener un impacto significativo para la evangelización mundial.
Además del gran segmento de la población mundial que no ha oído el evangelio, hay otra clase de personas. De veinticinco a treinta por ciento de la población mundial se dice ser cristiana. Más o menos mil millones de personas son cristianas al menos de nombre. Esa cifra incluye casi la totalidad de las América y gran parte de África y de Europa.11 Como antiguo misionero en África y reciente director de talleres en Sudamérica, comprendo lo difícil que es calcular el número de personas que se han entregado a Cristo. La gran mayoría de los que se dicen ser cristianos frecuentemente lo son sólo de nombre. Es probable que sólo diez a veinte por ciento de quienes viven en las llamadas naciones cristianas realmente sean cristianos. Probablemente menos del cinco por ciento de la población mundial es de cristianos nacidos de nuevo. Sin embargo, las personas que tienen algún conocimiento del cristianismo están muchos más abiertas a la enseñanza bíblica. Hay urgente necesidad de vital y transformadora enseñanza bíblica para mil millones de cristianos nominales.
El tercer grupo de personas son cristianos verdaderos que realmente se están fortaleciendo en su vida espiritual. Pero es difícil calcular cuántos cristianos nacidos de nuevo realmente están creciendo en Cristo. ¿Qué porcentaje de cristianos verdaderos llevan una vida más y más controlada por la Palabra de Dios y por el Espíritu de Dios? Recientemente hice esta pregunta a un grupo de estudiantes graduados con experiencia en este campo. Pastores, obreros de jóvenes, directores de campamentos, y misioneros llegaron a un consenso de que probablemente diez a veinticinco por ciento de los cristianos verdaderos realmente están creciendo en Cristo. Si es así, significa que más o menos la mitad del uno por ciento de la población del mundo está llevando a cabo la Gran Comisión de enseñar a todas las naciones a obedecer todo lo que Cristo ha ordenado. ¿Cómo podemos ser tan displicentes? La gran prioridad de Dios es que las personas vengan a Él y que lleguen a ser como Cristo. ¿Por qué no nos molesta el hecho de que tan raramente se esté cumpliendo la Gran Comisión? ¿Por qué tanta enseñanza cristiana en las iglesias y en las escuelas están produciendo tan pocos maestros del mensaje transformador de la Biblia? Hay una necesidad de una quieta revolución en la educación cristiana, y Lois LeBar nos ha ayudado a preparar la agenda.
Carl Henry nos recuerda la crisis que encara el cristianismo. “Nuestra generación está perdida con respecto a la verdad de Dios, a la realidad de la revelación divina, al contenido de la voluntad de Dios, al poder de su redención, y a la autoridad de su Palabra. Por está pérdida está pagando caro con una rápida recaída al paganismo. Los salvajes se están levantando nuevamente: se puede oírlos avanzar con estruendos y rapidez al ritmo de nuestros tiempos.”12 Debido a la “rápida recaída al paganismo” no nos atrevemos a continuar enseñando como si nada andaría mal.
El libro Educación que es cristiana fue revolucionario cuando salió hace más de cuarenta años. Sin embargo, no hemos prestado suficiente atención a lo que nos dice. En nuestro día hay urgente necesidad de la educación que es verdaderamente cristiana.
La teoría y la práctica de la enseñanza bíblica tienen que ser reevaluadas en cada organismo de educación cristiana. Padres, directores de jóvenes, maestros de colegios universitarios y seminarios, asesores de campamentos, misioneros, maestros de escuela dominical, directores de educación cristiana, maestros cristianos de escuelas, y directores de estudios bíblicos de pequeños grupos se beneficiarán de Educación que es cristiana. Es un libro para todo el que está interesado en revitalizar la enseñanza bíblica.
