
Cada año celebramos la Navidad. Encendemos luces, preparamos comidas especiales, regalamos detalles y repetimos historias que parecen tan familiares que a veces se sienten casi “mágicas”, como si pertenecieran al mundo de los cuentos. Sin embargo, detrás de las canciones, los adornos y las tradiciones, se alza una pregunta que pocos se atreven a formular honestamente: ¿por qué deberíamos creer en la historia de la Navidad?
En la introducción de su obra ¿Por qué creer en la Navidad?, Rebecca McLaughlin abre esta conversación con una escena profundamente humana: una niña de siete años escribe una carta desesperada a Papá Noel, pidiéndole ayuda porque hay una grieta en la pared de su cuarto. Lo conmovedor es que ella sabe que Papá Noel no existe… pero igual pide auxilio. El miedo y la esperanza la empujan a apelar a algo, o a alguien, más grande que ella.
Esta pequeña historia revela algo importante: incluso cuando intentamos vivir lejos de lo sobrenatural, cuando decimos que no necesitamos milagros, nuestro corazón sigue anhelando rescate. Los seres humanos estamos diseñados para buscar respuestas más allá de lo que vemos, especialmente cuando enfrentamos grietas —no en las paredes, sino en el alma.
Cuando los cuentos no alcanzan
La autora utiliza una referencia conocida para muchos: Doctor Who. En un episodio, el Doctor se presenta como un héroe casi divino, capaz de aparecer justo cuando el mundo lo necesita. Quizás, sugiere McLaughlin, la niña Amy prefería aferrarse a la figura del Doctor antes que a Papá Noel porque, al menos, él parecía más real. Pero aun así, todo es fantasía. Nada de eso puede responder la grieta profunda de la vida real.
La Navidad, en cambio, no es un cuento de hadas.
No es un mito hermoso inventado para reconfortarnos en invierno.
Es la proclamación audaz de que el Hijo de Dios entró en la historia humana.
En palabras de la autora, esta historia “suena como una versión inversa del Doctor Who: un ángel aparece, una virgen concibe y un niño nace para salvar al mundo”. Pero a diferencia de un guion de ciencia ficción, este relato no pretende ser simbólico: afirma ser verdadero. Y si es verdadero, cambia absolutamente todo.
Preguntas que vale la pena hacerse
McLaughlin anuncia que el propósito del libro no es simplemente defender una tradición, sino examinarla con honestidad. Por eso propone cuatro preguntas esenciales:
- ¿Fue Jesús una persona real?
- ¿Podemos tomar en serio los Evangelios?
- ¿Cómo es posible creer en un nacimiento virginal?
- ¿Por qué importa todo esto?
Estas preguntas no son solo teológicas; son existenciales. Porque si Jesús realmente nació, vivió, murió y resucitó, entonces la Navidad no es solo la conmemoración de un hecho antiguo. Es la celebración de que Dios se acercó para reparar la grieta más profunda del universo: el corazón humano.

¿Por qué creer en la Navidad? no es solo un libro sobre un evento histórico; es una defensa inteligente, pastoral y accesible de la verdad más transformadora del cristianismo: Dios se hizo hombre y entró en la historia para salvarnos.
Navidad para los que dudan… y para los que sufren
Uno de los aportes más pastorales de la introducción es reconocer que muchos llegan a diciembre con sentimientos encontrados. Algunos viven el sueño que imaginaron cuando eran niños; otros sienten que su historia se ha torcido, que están lejos de lo que esperaban para sus vidas. Algunos celebran con alegría; otros apenas sobreviven entre lágrimas.
Para todos ellos, McLaughlin ofrece una invitación sincera:
detente y piensa por un momento en la posibilidad de que la Navidad sea verdadera. Que aquel bebé en un pesebre haya sido —y siga siendo— la respuesta a tu necesidad más profunda. Que el mundo no esté solo. Que la Luz, de hecho, entró en la oscuridad.
La autora reconoce que tal vez no sientes la necesidad de un Salvador. Tal vez te consideras autosuficiente. Pero, con ternura y franqueza, añade: si eres honesto, estás dispuesto a probar cualquier cosa. Y es precisamente ahí donde la Navidad se vuelve una oportunidad: no para repetir rituales, sino para volver a mirar a Jesús con ojos nuevos.
Un llamado a redescubrir el milagro
El propósito del libro —y de este artículo— no es simplemente intelectual. Es profundamente pastoral: recordarte que la Navidad importa porque anuncia que Dios no es indiferente.
El cielo se inclinó hacia la tierra.
La eternidad irrumpió en el tiempo.
Lo divino se vistió de humanidad para rescatar a personas reales como tú y yo.
Si esta historia es verdadera, no se reduce a un pesebre pintoresco. Significa que el Dios del universo vino a buscarte. Significa que no estás solo ante tus grietas. Significa que la salvación es posible, la esperanza es real y la luz sigue brillando en las tinieblas.
Tal vez este año la Navidad te encuentre celebrando, o tal vez te encuentre cansado, decepcionado o con dudas. Sea cual sea tu situación, te invito —como hace Rebecca McLaughlin— a dejar que esta historia te sorprenda de nuevo. A preguntarte, con honestidad y con fe:
¿y si realmente fue cierto? ¿Y si Dios sí vino a salvarte?
Porque si la Navidad es verdad, entonces es la mejor noticia que el mundo —y tú— podrías recibir.



