Adorar cuando nadie aplaude: el amor como esencia de todo.

Hubo un tiempo en el que creí que los dones espirituales eran la medida de la madurez. Admiraba a quienes hablaban con elocuencia, lideraban con carisma o ministraban con poder visible. Pero Caminar en Adoración desmanteló esa idea con una verdad contundente: sin amor, nada vale.

El libro afirma con claridad:

“El amor es la pura esencia en la vida de un adorador. Sin amor, todos los dones espirituales pueden definirse falsamente como evidencia de logro…”

Eso me golpeó fuerte. Porque es posible hacer cosas impresionantes para Dios… y aun así estar vacío.

Recordé inmediatamente el pasaje citado:

“Si soy un súper filántropo y heroicamente doy mi vida como mártir, pero lo hago sin amor, he malgastado mis esfuerzos.”

Qué declaración tan radical. Incluso el sacrificio más extremo puede perder su valor si no nace del amor.

El autor advierte que los dones, cuando no están basados en el amor,

“pueden causar grandes estragos en la iglesia.”

Y agrega:

“Sin el amor, el talento se convierte en una competencia, una comparación y un conflicto.”

Cuántas veces he visto eso. Cuántas veces lo he vivido. Competencias disfrazadas de ministerio. Comparaciones disfrazadas de excelencia.

1 Corintios 13 aparece como el termómetro real:

“El amor es paciente, es bondadoso. El amor no es envidioso ni jactancioso ni orgulloso…”

Cuando leo esa descripción, me doy cuenta de lo lejos que estoy muchas veces. El libro lo expresa con honestidad:

“Aunque tome la frase: ‘el amor es’, esto me hace pensar en las muchas ocasiones en las que no he estado ni cerca de comportarme así.”

Yo tampoco.

También entendí que la adoración extravagante nace del reconocimiento del amor de Cristo. El autor escribe:

“¡La adoración extravagante ocurre cuando me doy cuenta que Jesús me ama tanto que anhela tener una relación conmigo!”

Esa frase cambió mi motivación. No adoro para impresionar. No adoro para sentir algo. Adoro porque he sido amado primero.

Y cuando comprendo que:

“¿Cómo podría negarle mi amor al que se dio sin medida? ¿Qué puedo hacer, sino adorarle?”

mi respuesta deja de ser obligación y se convierte en gratitud.


Caminar en adoración

Un libro profundamente formativo que invita al lector a redescubrir la adoración no como un acto limitado al culto congregacional, sino como un estilo de vida continuo delante de Dios


Adorar con amor significa también obedecer. El libro nos anima:

“Cuando el Espíritu Santo le pida hacer o decir algo, dispóngase a obedecerlo.”

Y añade algo que me dio libertad:

“Entienda que usted puede equivocarse… obtenemos un mejor entendimiento de la voz del Espíritu cuando lo examinamos por medio de la obediencia…”

El amor me lleva a obedecer, aunque no tenga todas las garantías.

Aprendí que adorar sin amor es ruido. Es actividad sin vida. Es forma sin sustancia.

Hoy quiero que mi adoración sea invisible si es necesario. Que nadie aplauda. Que nadie lo note. Pero que esté impregnada de amor genuino.

Porque al final, el mundo sabrá que somos de Cristo —como dice el libro— cuando nos amamos con un amor diferente.

Esa es la adoración que transforma iglesias. Esa es la adoración que transforma corazones. Y esa es la adoración que quiero aprender a vivir.