Un llamado pastoral a confiar en el mensaje que transforma vidas

En un mundo que cambia rápidamente y donde las culturas se entrelazan más que nunca, Dios está trayendo a nuestras puertas a personas que antes considerábamos lejanas. Entre ellas se encuentran nuestros vecinos y amigos musulmanes. Muchas veces, como cristianos, sentimos cierta inseguridad al pensar en cómo hablarles de Jesús. ¿Qué decir? ¿Cómo iniciar una conversación? ¿Y si ofendo o confundo? Estas preguntas, tan comunes, revelan una lucha interna más profunda: la sensación de que quizá no estamos preparados para compartir el evangelio con ellos.
Sin embargo, como nos recuerda Thabiti Anyabwile en su libro El Evangelio para los Musulmanes, esta duda parte de un error: pensar que los musulmanes necesitan un mensaje distinto o una técnica especial. Pero el autor nos recuerda con firmeza que el mismo evangelio que nos salvó a nosotros es el que puede salvarlos a ellos.
Un Evangelio suficientemente poderoso
En su prólogo, J. Mack Stiles relata una escena reveladora: un cristiano, en una conferencia misionera, afirmaba que cuando los musulmanes oraban a Alá y los cristianos oraban a Dios, ambos se dirigían al mismo ser. Pero Stiles lo confrontó con amor y claridad: esa confusión hace que el evangelio pierda su nitidez y que la salvación se vuelva difusa.
Esta claridad es una de las hermosas virtudes del libro: su llamado pastoral a no diluir la verdad para hacerla “más cómoda”, sino a proclamarla con gracia, convicción y fidelidad. Tal como expresa Thabiti, no necesitamos nuevas técnicas para hablar con los musulmanes; necesitamos confianza en este evangelio. El poder no está en nuestras estrategias, sino en el mensaje mismo, “porque es poder de Dios para salvación de todo aquel que cree” (Romanos 1:16).
Dios está obrando en los corazones musulmanes
Uno de los testimonios más impactantes del libro aparece en la introducción. Thabiti describe el rostro de una joven iraní que había entregado su vida a Cristo. Las lágrimas corrían por sus mejillas, pero su sonrisa reflejaba un gozo irresistible. Había experimentado la libertad del evangelio… y también sabía que confesar su fe a su familia sería difícil. Aun así, su gozo era más grande que su temor.
¿Cuántas veces pensamos que un musulmán jamás podría abrazar a Cristo? ¿Cuántas veces lo consideramos “demasiado difícil” o “lejos del evangelio”? Y sin embargo, historias como esta nos recuerdan algo fundamental: el evangelio no reconoce fronteras culturales; transforma corazones sin importar su trasfondo.
Thabiti mismo es testigo viviente de ello. Él, un joven consumido por el enojo, radicalizado y profundamente opuesto a la cruz, encontró en el evangelio una luz que ninguna otra ideología pudo producir. Su testimonio revela que Dios puede derribar muros que nosotros creemos inexpugnables.
El evangelio despierta donde ninguna otra fuerza puede hacerlo
El autor confiesa que se convirtió al islam buscando orden para su vida. Pero al profundizar en el Corán, descubrió contradicciones internas que lo llevaron a un estado aún más oscuro: concluyó que ninguna religión era verdadera. Fue entonces, en un momento de dolor personal, que la Palabra de Dios penetró su corazón.
Un sermón sobre el pecado, la idolatría y la santidad de Dios abrió sus ojos. No era un mensaje dirigido específicamente a musulmanes. No era un tratado apologético. Era simplemente la exposición fiel de la Palabra. Y ese día, Dios quebró años de odio, confusión y tinieblas. Thabiti y su esposa abrazaron a Cristo con fe y arrepentimiento.
Esto nos recuerda una verdad pastoral crucial:
No necesitamos suplir la Palabra con técnicas; necesitamos proclamarla con amor y valentía. La Palabra hará lo que Dios quiere que haga.

El Evangelio para los Musulmanes es un llamado directo, pastoral y profundamente personal a redescubrir la confianza en el poder del evangelio para salvar a todo aquel que cree—incluso a los musulmanes.
La misión que toca nuestra puerta
Thabiti señala algo que la iglesia del siglo XXI debe considerar seriamente: Dios, en su soberanía, está acercando al mundo musulmán a nuestras comunidades. Nunca antes la evangelización intercultural había sido tan accesible. En lugar de viajar miles de kilómetros, muchas veces solo necesitamos cruzar la calle.
Pero para participar de esta obra divina debemos abandonar el miedo, la inseguridad y las ideas equivocadas. No se nos pide ser expertos en islam, sino ser fieles al evangelio que conocemos.
El autor escribe:
“Como cristiano, usted ya sabe todo lo necesario para transmitir efectivamente las buenas nuevas… El mismo mensaje que nos salvó a nosotros… salvará eternamente a nuestros vecinos musulmanes.”
Esto es profundamente pastoral: Dios no nos llama a una tarea para la cual no nos equipe. Él ya nos dio lo que necesitamos: su Espíritu, su Palabra y su evangelio.
El corazón pastoral detrás de esta misión
Este libro, y este mensaje, nos invitan a varias actitudes pastorales:
1. Amor que escucha
Antes de hablar, amemos. Conozcamos al amigo, al compañero de trabajo, al vecino. Descubramos su historia y sus preguntas.
2. Humildad que confía en la Palabra
No necesitamos atacar ni ridiculizar el islam. El Corán mismo, como muestra el libro, reconoce la autoridad de la Torá, los Salmos y los Evangelios como Palabra revelada. Ese punto de partida nos permite guiar con paciencia hacia Cristo.
3. Valentía que proclama a Cristo
El evangelio es una buena noticia, no una teoría. No es un debate, sino una invitación al encuentro con el Dios vivo.
4. Esperanza que descansa en Dios
No convertimos a nadie. El Espíritu Santo sigue obrando, como lo hizo en la joven iraní, en el propio Thabiti y en miles más.
Una invitación pastoral
Como iglesia, tenemos la hermosa responsabilidad de compartir a Cristo con todas las naciones… incluso aquellas que el mundo considera difíciles. Pero la verdad es que nada es difícil para Dios.
Quizá en tu vida ya hay un musulmán: un compañero de estudio, un vecino, un colega, alguien que te saluda cada mañana en el trabajo. Oro para que este artículo despierte en ti la convicción de que Dios quiere usar tus palabras, tu amistad y tu testimonio para mostrarles el amor de Cristo.
No temas equivocarte. No temas no saber suficiente.
Teme solamente quedarte callado cuando Dios te abra una puerta.
Porque el evangelio sigue triunfando.
Y seguirá triunfando entre los musulmanes, hasta los confines de la tierra.

