MÉTODOS CREATIVOS DE ENSEÑANZA

Marlene Le Fever

Tuve problemas con la voz. Durante doce meses seguí enseñando en tono ronco domingo tras domingo. Cada semana la garganta me dolía más y la voz se ponía cada vez más débil. Los jóvenes de mi clase de la escuela dominical eran los alumnos más enérgicos y habladores que jamás había tenido. Pero durante ese tiempo difícil, ellos correspondieron a mi necesidad. Dejaron de conversar mientras yo daba la clase y cuando les explicaba las actividades de interacción. Y no hubo necesidad de suplicarles que actuaran. De inmediato tomaban responsabilidad para asegurar el éxito de la clase. Era obvio para todos que sin su colaboración yo no hubiera podido dar la clase.

Siempre había conocido este principio: la participación en el proceso de aprendizaje estimula el aprendizaje y el crecimiento. Por el contrario, cuando el maestro controla las actividades, el ego del maestro puede ser lo único en la clase que vaya creciendo.

Los alumnos necesitan sentir que se trata de “nuestra” clase. “Sí, tenemos un líder, pero sin nuestra ayuda, la clase no funcionaría.” Es el líder que estimula este sentido de propiedad; y el líder hábil no espera hasta perder la voz para implementar el aprendizaje compartido.

Mientras yo iba hablando en voz baja a la clase pude ver el crecimiento espiritual de mis alumnos. Ellos llegaron a ser mi grupo de apoyo, mi “iglesia”, durante ese tiempo difícil. Me enviaron tarjetas.

Me dijeron que orarían por mí y cada semana confirmaban esa promesa al contarme cuán a menudo y por cuánto tiempo lo habían hecho.

Yo escuchaba y ellos hablaban. Yo hacía pantomimas y ellos practicaban en su vida lo que estaban descubriendo de la Palabra de Dios. Yo me cansaba y me sentía sin fuerzas, y ellos me animaban: “Gracias por haber venido. No se dé por vencida. Ya va a recuperar la voz.”

El propósito de este libro es ayudar al maestro y a los alumnos a colaborar en el proceso de aprendizaje. Para el maestro, estos métodos pueden significar más trabajo, menos dedicación al ego, y mayor certeza de que se está llevando a cabo un aprendizaje de por vida. Para los alumnos, las actividades les ayudarán a descubrir maneras únicas en las que pueden crecer en su comprensión del significado de la vida cristiana.

Pero lo más importante es que aprenderán a usar esa comprensión en su diario vivir de lunes á sábado.

No debemos comunicar la Palabra de Dios de forma estática. Este libro tiene su límite, pero los métodos que podemos usar para la enseñanza nunca se acabarán. Por ejemplo, ahora estoy explorando maneras como se pudiera incorporar la Internet en la escuela dominical y en grupos de estudio bíblico. ¿Cómo podemos usar esta herramienta única para enseñar a esta generación los caminos del Señor?

¿Cómo podemos desarrollar programas de video y de computadoras que ayuden a los padres en la crianza de sus hijos?

Los autores de un libro sobre el uso de vídeos no televisados en la iglesia expresan el desafío: “De la misma manera que la iglesia del primer siglo mediante el Pentecostés comunicó el evangelio en nuevos idiomas, la iglesia de hoy tiene que aprender nuevos idiomas para comunicarse con su mundo . . . La iglesia a menudo se resiste ante nuevas tecnologías y metodologías hasta que la presión llega a ser tan grande que no tiene otra opción sino de hacer cambios. Esta característica provee un excelente equilibrio contra las modas y ofrece la continuidad necesaria, pero puede también ser una excusa para no usar una nueva y útil tecnología para comunicar el evangelio cuando ésta se presente.”

Tenemos que crecer o, como advierte John Peatling, podemos llegar a ser “los anticuarios bien intencionados de pasado mañana”.

Extraido – Métodos Creativos de Enseñanza – Marlene Le Fever

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