LO ORDINARIO NO ES TAN ORDINARIO

Marlene Le Fever

He recibido creatividad ordinaria. Ya dejé de soñar con escribir obras maestras tales como las de Hemingway y de Milton. Casi he dejado de creer que voy a escribir algo que haga impacto como las obras de los grandes autores. Pero he recibido la chispa de la creatividad.

Lo sé. Cuando corre por mis venas la creatividad, ¡lo siento! Cuando se está imprimiendo algún trabajo mío puedo verlo, porque trabajo cerca de la imprenta que imprime mucho de lo que escribo. Estoy convencida de que con trabajo duro se puede avivar la chispa. Con trabajo duro puedo ensanchar y aumentar mi creatividad.

La creatividad no es una característica sólo de grandes personajes, sino de cada ser humano. A veces es más fácil afirmar esto si observamos a la gente que conocemos. Pregúntese: ¿Quién es la persona más creativa que conozco, y por qué? En el salón de clase de un seminario, un estudiante contestó esa pregunta señalando con la mano a otro estudiante. “Él es —dijo—. Él era actor de teatro antes que decidió ser pastor. Él me ha mostrado maneras de comunicar el mensaje de la Biblia que nunca hubiera soñado.”

La persona más creativa que yo he conocido es mi madre.

Nosotros teníamos el único sótano de la ciudad donde había una ballena motorizada de tamaño natural. Acompañé a mi mamá el día que la recibió. Ella fue al supermercado y le preguntó al gerente lo que iba a hacer con el tremendo pescado que abría y cerraba la boca sobre una exhibición de conservas de atún. “No lo bote a la basura —le suplicó mi mamá—. Puede ser una gran ayuda visual para la historia de Jonás.” Mi mamá siempre andaba buscando la manera de enseñar mejor a los niños; a mi hermano Jim y a mí, a todos los niños de la vecindad, y a los miles de niños a través del distrito de Lancaster, Pensilvana, que durante décadas habían asistido a sus clases bíblicas.

No creo que jamás pensó: “¿Cómo puedo obligar a los niños a usar toda la creatividad que Dios les ha dado?” Le gustaba mucho hacer cosas divertidas con nosotros y se admiraba cuando se nos ocurría algo inesperado. “Estoy muy orgullosa de ti —le decía a mi hermano cuando terminaba de construir uno de sus increíbles inventos—. Nadie más en la familia tiene la menor inclinación a ser mecánico.” Él aceptaba con orgullo los elogios y la próxima vez que mi padre decía que algo no se podía arreglar, Jim lo arreglaba.

Extraído – Métodos Creativos de Enseñanza – Marlene Le Fever

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