LA MÍMICA: EL MILAGRO DEL MOVIMIENTO

Marlene Le Fever

La mímica, derivada de la palabra griega que significa “imitar”, es una acción dramática en la que los actores usan movimientos en lugar de palabras para comunicar experiencias a un público. Uno de los milagros de la mímica o de la pantomima es que amplía el poder de la imaginación, no sólo de los participantes sino también de los espectadores.

Se cuenta acerca de Demetrio que, durante el reinado de Nerón, proclamó que la mímica era algo absurdo. Si una persona tenía algo que decir, debía decirlo, y no sólo mover los brazos y la cabeza con la esperanza de que el público sacara una conclusión lógica. Los mímicos más famosos de esa época aceptaron el desafío de demostrarle a Demetrio que él no estaba engañando al público. Después de presentar una pantomime Demetrio quedó convencido. “¡Hombre! —exclamó complacido—. Esto no es ver, sino oír y ver, ambas cosas. Es como si las manos fueran lenguas.”

Todo el mundo usa la mímica, aunque rara vez se le da ese nombre. Puede ser un idioma universal cuando las personas hacen señas, gesticulan, y exageran los movimientos para que alguien en el extremo opuesto de la habitación “oiga” lo que necesita ser comunicado.

Los niños son expertos en hacer mímicas. Estuve en una playa de México una tarde cuando tres niños mejicanos se acercaron para ayudarme a buscar conchas. Encontraron unas conchas raras que yo no había visto porque ellos sabían dónde buscar. Con mímicas describieron a la criatura que había estado en cada concha. Ellos me comunicaron que ese era el lugar donde los pescadores traen las langostas. Los niños vivían en un pequeño pueblo a unos treinta minutos de la playa, y esta era su vacación de la escuela. Les gustaba mucho nadar, pero no allí, porque se cortaban los pies en los corales.

Me preguntaron si quería probar el queque que su mamá había traído.

Y, sí, querían probar los caramelos que yo había traído. Dijimos todo esto sin que ellos hablaran mi idioma y sin que yo hablara el idioma de ellos. Todo con mímicas.

Con la popularidad de Marcelo Marceau, se ha reavivado la pantomima.

Es bastante común en zonas de San Francisco o de Toronto, por ejemplo, hallar actores de pantomimas en las calles entreteniendo a cualquiera que desea ver una historia silenciosa. “Por primera vez vi una pantomima en la esquina de una calle —dice una maestra que enseña a jóvenes de la secundaria—. Una mujer actuaba y luego recogía las monedas que la gente ponía en su sombrero. En diez minutos vi todo el ciclo de su vida en esa pantomima. Ella nació, y batallé con ella en su llegada a este mundo. Ella creció, y yo me iba esforzando junto

con ella. La vi como adolescente, como madre, como una anciana enfrentándose a su propia muerte. Todo lo que necesitaba para participar era una viva imaginación; pasé por toda una vida en esa esquina de la calle. Quise llevar a esa mujer a mi salón de clase. Pero, ¿sabe qué?

Con buenas sugerencias mis alumnos pueden participar sin su ayuda profesional. Nadie tira monedas en un sombrero, por supuesto, pero el debate vale más que el dinero.”

Los expertos en mímica están usando su arte para presentar sus mensajes políticos, sociales, y ambientales. ¿Por qué no mensajes espirituales?

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